Éxito en el estreno de "Shymponic Rhapsody of Queen" en Madrid

Noelia Ávila estuvo en Madrid para traernos la crónica en la vuelta del estreno "Shymponic Rhapsody Of Queen". Una mezcla del géne...

Noelia Ávila estuvo en Madrid para traernos la crónica en la vuelta del estreno "Shymponic Rhapsody Of Queen". Una mezcla del género clásico de la One World Shymponic Rhapsody, combinada con la explosividad de la Rock Band en el Apolo de Madrid, el 25 de octubre de 2013.

Poner en pie a todo un teatro no es tarea fácil. Conseguir mantener al mismo en pie solo  lo pueden conseguir unos pocos privilegiados, como los más de 40 artistas que dan vida a Symphonic Rhapsody of Queen, el espectáculo que homenajea a la banda de Freddie Mercury.


Más de dos horas de función que ya desde el primer acorde hacen que el espectador se olvide de todo lo demás y se centre en las voces y la música de estos artistas que  comienzan con un no muy conocido Innuendo, tema con tintes flamencos interpretado por la soprano Graciela Armendariz, y que se desarrollan de menos a más, incluso cuando parece que los cantantes han dado lo mejor de sí mismos.


La primera gran ovación de la noche llega de la mano de la neoyorkina Michele McCain con Somebody to love, pieza que encandila al público con una voz que hace vibrar en su asiento a toda persona presente, deja al descubierto una orquesta sinfónica tan grande que resulta imposible creer que había estado escondida hasta entonces.





Poco a poco el ambiente se anima y las palmas al ritmo de la música, que hasta el momento solo se habían podido escuchar de parte de los más entusiastas, se convierten en algo conjunto cuando llega la hora de We will rock you, que el público corea junto a Pablo Perea (una referencia del rock-pop español de los ochenta con La Trampa), encargado de interpretar este famoso tema. Pero la cosa no queda aquí, ya que las ganas de levantarse del asiento y bailar son casi inaguantables con Don’t stop me now, y los silbidos y ovaciones que siguen a esta canción lo demuestran.

Con el merecido aplauso a Tommy Heart, la “voz del Rock alemán”, por The show must go on llegamos al descanso, en el que la curiosidad inunda la sala ante una primera parte difícil de superar.

Pero una vez más las expectativas son superadas, esta vez gracias al guitarrista Christian Vidal, que después de dejarnos boquiabiertos con solos de guitarra dignos del mismísimo Bryan May, guitarrista de Queen, nos fascina con el romanticismo de Love of my life en formato acústico. Aunque el momento sentimentalista acaba en el instante en que Pablo Perea salta al escenario ataviado con el uniforme de asistenta para representar I want to break free, lo que arranca risas y aplausos a partes iguales.

El  momento cumbre de los músicos llega en la pieza Barcelona, con protagonismo tanto  de estos, de forma individual y colectiva, como de un coro acompañado por Graciela Armendariz que consiguen levantar de sus asientos por primera vez a gran parte de los asistentes.

Los más fieles seguidores de Queen no pueden evitar acompañar a Tommy en su interpretación de Bohemian Rhapsody, apoyado por un coro espectacular, consigue darle a la canción toda la fuerza que esta es capaz de desprender, seguido por un We are the champions a cuatro voces y coreografiado por decenas de brazos en el patio de butacas  que hace las delicias de los amantes de la música y también del deporte, ya que viene acompañado por imágenes de los diferentes Juegos Olímpicos.

Para finalizar llega We will rock you interpretado por los cuatro artistas y coreado por el público, precedido de un popurrí del rock and roll de Elvis y con un auditorio que se mantiene en pie desde hace tres canciones y que es incapaz de parar de aplaudir, bailar, cantar, aclamar y vitorear quedando así por concluido este espectáculo, sin duda digno de presenciar.

Texto: Noelia Ávila Jiménez.

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